La ola emprendedora de los últimos años en España ha ido de la mano de otro fenómeno: los libros con recetas para lograr el éxito en la puesta en marcha de un negocio. Publicaciones en las que se habla de financiación, ideas, crecimiento, venta... Pero en las que suele olvidarse algo aún más importante que eso: cómo se siente el emprendedor en todo ese proceso y qué es lo que no tiene que hacer si quiere, al menos, poner en marcha su proyecto.

“Una de las grandes luchas del emprendedor es consigo mismo”. Lo afirma Christian Rodríguez Fornós, que en 2012 fundó la aplicación ByHours, que permite la reserva de habitaciones de hotel por horas, y que también es consejero de Hawkers. Ha lanzado el libro Despegar, ponle alas a tu proyecto (Profit Editorial), en el que pone de relieve los errores más frecuentes que cometen estos potenciales empresarios. Y el primero, es no reconocer algo básico:su soledad. “Puedes tener un socio, un equipo, pero al final estás solo. Cuando crees que tu idea es buena y alguien cuya opinión valoras te dice que no sirve, la soledad es total. Cuando formas un equipo, nadie va a llegar a tu nivel de implicación, y cuando tengas que tomar ciertas decisiones, también vas a estar solo. Eso no es malo, pero sí no darse cuenta de ello”, afirma.

Defiende el autor que la red de seguridad a la hora de emprender es cada vez mayor: bancos, empresas, políticos, y medios de comunicación resaltan la importancia de emprender. “Hacerlo ahora es menos arriesgado que antes, porque la alternativa de trabajar 25 años para una misma empresa no existe. Hay un auge de emprendimiento y también una bola de marketing alrededor”. Esta disminución del riesgo, un elemento fundamental en la ecuación del emprendedor, conduce a algunos errores. El primero, subestimar el camino que hay por delante. “Te crees que el proyecto es perfecto desde el momento que empieza, y el análisis es muy superficial. Esa actitud de querer ser el único y que mi proyecto tiene que ser el mejor no es un buen comienzo”.

La escasez de análisis se traduce en una validación escasa, es decir, no estudiar puntos que son claves, como el tamaño del mercado al que se dirige el proyecto, qué se ha hecho parecido antes o, por el contrario, por qué no hay precedentes en ese sector. Y otro error importante es querer hacerlo solo:“La ambición del fundador hace que muchas veces no tenga la generosidad suficiente con los socios. Vas a necesitar un cofundador al lado con sus obligaciones pero también con derechos”. Con él, la soledad de la que habla Rodríguez Fornós se repartirá, y para ello debe compartir objetivos, ilusión e implicación. En este sentido, cree que hay que tener cuidado con toda persona que entre en el proyecto, ya que “si sus objetivos son diferentes habrá discrepancias”. Algo aún más relevante con los inversores: “Ellos adquieren derechos, y si su visión es diferente, la convivencia puede ser trágica”.

Pero tan equivocado es querer hacerlo todo solo como sobrevalorar la idea que se quiere llevar a cabo. “Llegar a una idea es lo que más engancha: no te has gastado muchos recursos, la registras... Con ella puedes irte contento de una cena con amigos, pero no consigues un proyecto”, dice Rodríguez Fornós, que alerta de la sobreprotección y de lo inútil que es no contarla por miedo a que alguien la copie:“De la idea original a lo que va a acabar siendo hay una diferencia enorme. Es en su validación y en su ejecución cuando tienes que llevar al extremo tus capacidades y esfuerzo”. Además, muchos de los nuevos negocios de éxitos son, en realidad, evoluciones de ideas anteriores.

En su libro, este empresario lanza dos advertencias. La primera, dice: “Abre los ojos, no eres Steve Jobs”, y la segunda, previene de lo que llama postu-ceo, el postureo o dar más importancia de la debida a las apariencias en detrimento de una visión realista. “Sueles encerrarte en la oficina y creer que estás ante algo súper revolucionario. Y si además te rodeas de gente que te lo dice te vas a dormir pensando que eres un genio. Es importante ser realista, saber que el retorno inicial va a ser muy pequeño. Puedes vender que eres el fundador, resaltar los pequeños éxitos y que hablen de ti, pero eso no te va a pagar el sueldo”. Recuerda el autor que “si no estás preparado para aceptar los errores y los fracasos, el golpe emocional puede ser importante, con las consecuencias personales, legales o económicas que se pueden derivar”-

Fuente: cincodias.elpais.com

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